23/04/12

La Amansa Viejo

Una serie de bicicletas holandesas fueron adoptadas por un grupo de hombres mayores durante las décadas los sesentas en el caribe colombiano. Para comprarlas, debían sacar de sus bolsillos unos $50 pesos o también  podían alquilarlas. Sí, porque en aquellas décadas, en estas alejadas regiones, las bicicletas eran una novedad y solo unos cuantos podían adquirirlas. El tiempo y las costumbres llamaron a estas bicicletas como Amansa Viejo. Tienen estructuras y llantas delgadas, rines anchos y, sobre todo, una parrilla trasera que permite transportar alguna carga. Las Amansa Viejo fueron valoradas más por los adultos quienes ven en ella uno de los primeros objetos que la clase media trabajadora podían adquirir, aportando rapidez a su movilidad. En cambio, los niños decidían mejor no usarlas, no sólo por su tamaño, sino por vergüenza, ya que la bicicleta se asociaba a hombres ancianos y podían ser sometidos a las burlas de sus amigos. Cinco décadas después un boom de comprar Bicicletas Antiguas aparece entre los más jóvenes, ya sea por su estética o por un gusto por lo retro; así, las bicicletas tipo Amansa Viejo reaparecen rediseñadas y más contemporáneas. Sin embargo, las originales, aquellas cuya pintura nunca ha sido cambiada (porque hay de estos adultos que creen que si las pintan, se las roban) no sólo existen todavía, sino que son muy comunes y siguen siendo valorada por las mismas razones. 

Lugar: Ayapel, Córdoba
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Para recordar: Clic en Enchúlame la Bici

10/04/12

Cucurubá

Si la cultura consiste en una serie de hábitos y costumbres que los habitantes de una sociedad repiten de manera consciente e inconsciente, la mejor manera de evidenciarlo sería mostrar diferentes ejemplos de un mismo tema. Es por esto que este blog siempre pública un mínimo de tres fotografías por cada post y llama a toda esa evidencia fotográfica de hábitos y costumbres repetitivos como Manifestaciones Culturales.
 
Pero como este blog y su fin de bitácora investigativa también rescata tradiciones a manera de preservar y presentar la cultura, ha tenido la obligación y la responsabilidad de realizar la primera excepción en cuatro años de trabajo; después de mucho buscar, se ha tropezado por fin con un hábito casi extinto, una manifestación costumbrista, de gran valor cultural y tradicional.
 
Se trata de un juego llamado Cucurubá que solo se practica durante la semana santa en las sabanas de Córdoba y Sucre, lastimosamente con menos frecuencia cada año.
 
En medio de los juegos de azar muy comunes en la semana santa, como el dominó, las cartas y el parqués, la Cucurubá se presenta como una alternativa en donde las habilidades físicas también son importantes. Para jugarlo se necesitan tres listones de madera de unos 80 cm unidos en sus extremos, parecido a una forma de U. El listón del centro tiene varios cortes de casi dos centímetros en forma de dientes en uno de sus cantos el cual, se apoyará luego a ras de piso. Cada uno de los dientes tiene escrito un puntaje en décimas, desde el diez hasta el cien.
 
En el juego participan varios jugadores en el que, cada uno, en orden y desde cierta distancia lanzan las llamadas bolitas de cristal o de uñitas, con el fin de que pasen por debajo de los cortes adentados. Normalmente cada jugador tiene dos oportunidades de lanzamiento y el ganador será aquel que logre el mayor puntaje. Lo ideal sería que el terreno de juego fuese plano, sin embargo, por tratarse de una tradición de pueblos con calles y patios sin pavimento, se juega allí, sobre la tierra; pero aunque parezca una desventaja, lo cierto es que así el juego suma grados de dificultad haciendo que los participantes tengan que analizar los desniveles del piso para realizar sus lanzamientos.
 
Como cualquier otro juego, las apuestas son un motivador entre los jugadores quienes desde el principio establecen las condiciones. La apuesta de cada jugador se le dice Cace y el público, afortunadamente en su mayoría niños, hacen las veces de árbitros pues están más cerca de la Cucurubá y pueden ver mejor hacia que casilla se van las bolitas de cristal. Y sí, afortunadamente porque depende de las nuevas generaciones que esta tradición no se pierda en el tiempo.
 

Por esto último es que la anterior foto se hace merecedora de un post excepcional; en la vereda más recóndita de un pueblo ya de por sí, recóndito, lejano, apartado y limítrofe con la brisa y el cielo pero más que nada con la nada, en donde escasea todo pero sobreabunda lo inmaterial; donde la semana santa se vive como se vivía hace varias décadas; tomando chicha y comiendo dulces, pescados e icoteas (aunque ya no sea legal) y guardando reposo, es decir, haciendo absolutamente nada que requiera esfuerzo físico durante los días santos; ahí y así, un niño, una nueva generación de este milenio que no supera las nueve primaveras, en frente de su casa, construye una Cucurubá, lejos de las especificaciones técnicas más comunes y más cerca a su propia manera de ver el mundo, le muestra a sus familiares, amigos, vecinos y a esta cámara fotográfica, que a veces la cultura no cambia y los hábitos no desaparecen, solo se ocultan allí, en lo más recóndito. Reapareciendo de vez en cuando.

3/04/12

Los dulces de semana santa

"Un pequeño aporte" enviado por Liliana Paola hace dos años que nos presenta una teoría del origen de la tradición costeña de hacer dulces durante la semana santa:

...cuentan los abuelos, que la costumbre de hacer dulces en semana santa, se da para contrarrestar el dolor que se vive por la pasion y muerte de nuestro señor Jesucristo. Cuentan los viejos que antes, la semana santa se vivía desde el domingo de ramos con abstinencia de carne, de sexo, de hacer oficios despues del medio dia, de tomar... en fin; de pecar... era tan sentida esta tradición religiosa que los dolores debian "endulzarse" de alguna manera y entonces la gente hacia manjares dulces, para con los placeres del estomago, cubrir las dolencias del alma... 

Fotos: Festival del Dulce
Lugar: Montería, Córdoba
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Frutas tropicales y propias de la región, así como tubérculos, semillas, granos
 y legumbres son los ingredientes principales para la preparación de los 
diferentes dulces, jaleas y tortas, dando como resultado una amplia variedad 
de sabores, texturas y colores que complacen a todos los paladares. 



Alfajores, ajonjolís, quesadillas, panelitas, bocadillos, masmelos son las pequeñas 
delicias así como las alegrías, cocadas, y caballitos; los famosos manjares de las 
palenqueras de las playas costeñas.


Entre las tortas más conocidas estan: Torta de piña, de ñame, 
vuelve y ven (a base de maíz) y los muy conocidos enyucados. 



Los dulces más exóticos son precisamente aquellos elaborados 
a partir de frutas  propias de la región, tales como tamarindo, corombolo, mamón, 
corozo, mamey  y borojó. Entre los más populares esta el mongo mongo, 
preparado con plátanos.


Otros dulces exóticos se hacen a partir de semillas y leguminosas, 
como orejero y guandú, respectivamente.


Aunque también existen dulces de frutas conocidas como dulce de coco, papaya, 
almendra y de algunos tubérculos como yuca, papa y ñame.


La Chicha es la bebida más típica y popular durante la semana santa,
guardada en las típicas tinajas de barro; son el complemento
gastronómico para contrastar el sabor del dulce.

31/03/12

El arte de la rutina desde la cárcel

La infame desolación se apodera de cada uno de los reos gracias a la monotonía diaria de órdenes y obediencias. Todos los días, a las mismas horas, se despiertan, se bañan, comen, toman el sol y se duermen; tortura cruel de una historia triste y sin final, el mismo cuento de nunca acabar*.  Adentro, entre barrotes, las expresiones son siempre las mismas; ojos que orbitan perdidamente, como alunizando pensamientos. Sonrisas fingidas y esforzadas como si los músculos faciales ya no recordaran ese gesto. Las caras son largas y calladas como si el tiempo les ganara una batalla. 

Pero en los talleres, el oasis semanal donde las órdenes no son rutina y la desobediencia, al menos artística, es posible; los eche nojoda, los eh ave maría y los q´hubo hüevón rompen el silencio de los internos. Entre pinturas, papeles y maderas las miradas parecen aterrizar a ese lugar y esa cultura donde aprendieron su acento. El amazónico recuerda los delfines rosados de su río; el samario los árboles de su sierra nevada. La desolación desaparece por un momento; unas horas donde la batalla la pierde el tiempo. 

Artesanías hechas en los talleres de capacitación 
en las cárceles El Bosque en Barranquilla y La Rivera en Huila
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* Tomado de la canción, Mi libertad, de Frankie Ruiz