24/05/11

HOMO TERRITORIAL - Segunda Parte


un lugar: Montelíbano - Córdoba.
dos ralladores y dos coladeras.
tres escritores: Laura, Gabriel y José.
cuatro fotos y varios olores
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Las puertas de la casa suponen ese límite entre el territorio íntimo (lo individual, lo no compartido) y el territorio público (lo colectivo, lo compartido); Tener un techo, es decir, estar adentro significa estar a salvo y tener un espacio para guardar todo aquello que nos pertenece (cama, sillas, platos, nevera, libros, etc.) ya que afuera esta el caos; un mundo lleno de ruido, de personas de no fiar y muchas veces, de un clima aborrecedor; pero, 1) ¿Es la puerta un límite inexistente de seguridad? 2) ¿Se manifiesta realmente el espacio íntimo como íntimo? 3) ¿Se manifiesta realmente el espacio público como Público.
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"Lo íntimo se exhibe. Lo público se personaliza".



"[...]qué más puedo decir, un olor a todos los días, a gente que duerme por la noche y se despierta por la mañana, a vida real, a aquí a vuelto a ser posible la vida, no sé por cuánto tiempo pero al menos mientras perdure este olor".


Delirio. Laura Restrepo


"Hay un olor a desperdicio. Y creo que las cosas arruinadas y casi desechas que nos rodean tienen el aspecto de las cosas que deben oler a desperdicios aunque realmente tengan otro olor".


La hojarasca, Gabriel García Marquez.



"[...] cierro los ojos, estiro los brazos y camino, sigo caminado con los ojos cerrados y los brazos estirados. Pienso: Ahora pasé por el cuarto de mi madre porque huele a barajas nuevas. Después olerá a alquitrán y a bolitas de neftalina".

La hojarasca, Gabriel García Marquez.



"La mayor dificultad para poder vivir en el infierno es el hedor que allí hay".

Ensayo sobre la ceguera, José Saramago


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