16/6/11

Rondas Infantiles

Lo confieso: de niño cantaba ilari ilari ilarie, oh oh oh pero tararear la pegajosa y empalagosa canción frente al televisor era lo de menos. Yo lo que quería era deleitar mis ojos con la garota que coreaba el insignificante estribillo con ropa menuda movida por míticas caderas en una insinuante representación de seductora zamba. Aunque reconozco que, cuando la cantante gritaba a todo pulmón brinca, brinca, salta, salta con ese pícaro acento cantadito que le ponen las brasileras al español cuando hablan, yo, culicagao en ese entonces, quería literalmente saltar sobre ella. 

O que decir de las dalitas que se podían ver gracias a la perubólica de mi pueblo que cantaban sube a mi nube, nubeluz su su su sube y que yo, sin duda alguna, también quería subirme a ellas. 

Estos programas infantiles, El Show de Xuxa y Nubeluz, se guardaron en el baúl de los recuerdos de mi generación; de allí que algunos no tengan la menor idea de quienes sean. Sin embargo, no todas mis impúberes canciones fueron grabadas por mi sistema límbico; el memorable repertorio musical comparte espacio con melodías sin rostros que trascienden las fronteras desde tiempos antes de la inocente nipona Abejita Maya de nuestros padres o del tierno ratón italiano Topo Gigio de nuestros abuelos; es más, son de tiempos más antiguos que la televisión. Sí mis nuevas generaciones; la música para niños no siempre las han enseñado dinosaurios rosados o cualquier otro monigote del marketing televisivo. Las canciones infantiles eran trasmitidas por tradición oral y han sido tan exitosas que, después de siglos y siglos, se cantan y aún hacen parte de nuestra cultura inmaterial. 

Esas son las famosas Rondas Infantiles. Hay tantas de ellas y tan variadas que una misma tónica puede tener diferente letra dependiendo del país, la región o de la desafinada niñera de turno. Algunas han adoptado sinfonías clásicas de Mozart y Bach y convertidas en canciones de cuna y otras han sido motivo de controversia entre pedagogos por su contenido violento, como Mambrú se fue a la guerra, que dolor, que dolor, que pena que narra la historia de un soldado joven que muere en la guerra. Que por cierto, si existió, era viejo y no murió en la guerra. Otras son interminables e ideales para cantar mientras se viaja por carretera; como aquellos enésimos elefantes que se suben a la tela de una araña con la que deberían construir los barcos petroleros y que deber ser la hermana bastarda de la pobre Incy Wincy araña que insiste telar su telaraña cada vez que la lluvia se la lleva. Rondas que cantaban los niños para matar el tiempo que no existe a esa edad o que los padres y profesores obligan a cantar para que no se los llevara El Coco. 

Quizás los niños de este siglo alternen entre sus canciones favoritas las de Lady Gaga y crean que El Coco sea el vecinocarepedófilo que le cae mal a la mamá (o aún peor: ya saben que no existe), pero si algo tienen en común con las generaciones de antaño, es que alguna vez han cantado Rondas Infantiles.
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En la vereda de Polonia, Córdoba, yo le enseño a mi nieto:
"Arroz con leche me quiero casar, con una señorita de la capital.
Con esta sí, con esta no; con esta señorita me caso yo".

En la vereda San Pablo, Córdoba, yo cantaba:
"Sun sun de la calavera,
el que se mueva le meto una pela".

En la vereda de Albania, Córdoba, yo cantaba:
"Tengo una muñeca vestida de azul,
zapaticos blancos y medias de tul". 
En Montelíbano - Córdoba yo cantaba:
"Una vieja mató un gato con la punta del zapato,
pobre vieja, pobre gato, al que le caiga el veinticuatro".
En el corregimiento de Los Córdoba, Córdoba, yo cantaba
"De tín, marín de do pingüe,
cucara macara títere fue."
En Medellín - Antioquia, nosotras cantábamos:
"A la rueda rueda de pan y canela,
dame un besito y vete pa´ la escuela.
si no quieres ir, acuéstate a dormir".


En la vereda de Polonia, Córdoba, yo cantaba:
"Sol, solecito, caliéntame un poquito,
hoy y mañana y toda la semana".

En Montelíbano - Córdoba, yo cantaba:
"Juguemos en el bosque mientras el lobo esta,
¿Lobo está?".

En la verdea de Polonia, Córdoba, yo le enseño a mis nietos:
"Luna, lunera, cascabelera,
ojos azules, boca morena".

En San Marcos - Sucre, yo cantaba:
"Zapatico cochinito cambia de pie-ce-ci-to".
En Bello - Antioquia, yo cantaba:
"Que llueva, que llueva, la virgen está en la cueva,
los pajaritos cantan, la luna se levanta".

2 comentarios:

Dora Inés Vivanco dijo...

Te felicito, desde lo sencillo y lo cotidiano es fascinante recordar las tradiciones y reconocer lo que se ha ido perdiendo, para compartirlo con las nuevas generaciones!! Un abrazo!!

Alex Durán M dijo...

Gracias Dora! Seguidora fiel de este blog. Otro Abrazo!