25/1/12

Aguamanil

Como pinzas de cangrejos y bien firmes, tres dedos de la mano acuñaban la carne previamente cortada. Eran tiempos donde eran prescindibles los tenedores; los mismos tiempos donde limpiarse los dedos en el mantel del comedor no era de mal visto por algunos sino que era parte de un ritual de limpieza al final de cada comida y que terminaba con lavarse las manos y hasta la cara con ayuda del aguamanil. Ésta jarra alta de pico y asa, hacía parte de la parafernalia domésticas de algunas casas al interior del país y tenía su lugar cerca al comedor, sobrepuesta en una palangana, a veces llena de flores o esencias aromatizadas, que servía para recoger el agua que se vertía sobre las manos y se colocaba encima de un mueble de tres patas un poco más alto que el comedor. Era un objeto apreciado de la orfebrería con orígenes en las ceremonias religiosas apreciables hoy todavía durante las eucaristías católicas. La implementación del tenedor fue limitando su uso y la expansión de tubos que trasportaban el agua hasta las casas hizo de este objeto algo obsoleto. Sin embargo, sobrevive en el tiempo ya sea por su valor emocional o tradicional. Decoran casas, locales comerciales y museos; firmes, como pinzas de cangrejos.  

Lugar: Medellín, Antioquia
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Aguamanil blanco sobre media palangana decoran un restaurante
en una calle principal de la ciudad.


Aguamanil azul guardado en una de las habitaciones más
reconditas de un apartamento en un sector residencial.



Aguamanil de pico verde hace parte de una exhibición
de enceres antiguos en el salón blanco de una universidad.



Aguamanil de flores azules no sólo decora una casa sino que
además es utilizado para guardar objetos pequeños


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