10/4/12

Cucurubá

Si la cultura consiste en una serie de hábitos y costumbres que los habitantes de una sociedad repiten de manera consciente e inconsciente, la mejor manera de evidenciarlo sería mostrar diferentes ejemplos de un mismo tema. Es por esto que este blog siempre pública un mínimo de tres fotografías por cada post y llama a toda esa evidencia fotográfica de hábitos y costumbres repetitivos como Manifestaciones Culturales.
 
Pero como este blog y su fin de bitácora investigativa también rescata tradiciones a manera de preservar y presentar la cultura, ha tenido la obligación y la responsabilidad de realizar la primera excepción en cuatro años de trabajo; después de mucho buscar, se ha tropezado por fin con un hábito casi extinto, una manifestación costumbrista, de gran valor cultural y tradicional.
 
Se trata de un juego llamado Cucurubá que solo se practica durante la semana santa en las sabanas de Córdoba y Sucre, lastimosamente con menos frecuencia cada año.
 
En medio de los juegos de azar muy comunes en la semana santa, como el dominó, las cartas y el parqués, la Cucurubá se presenta como una alternativa en donde las habilidades físicas también son importantes. Para jugarlo se necesitan tres listones de madera de unos 80 cm unidos en sus extremos, parecido a una forma de U. El listón del centro tiene varios cortes de casi dos centímetros en forma de dientes en uno de sus cantos el cual, se apoyará luego a ras de piso. Cada uno de los dientes tiene escrito un puntaje en décimas, desde el diez hasta el cien.
 
En el juego participan varios jugadores en el que, cada uno, en orden y desde cierta distancia lanzan las llamadas bolitas de cristal o de uñitas, con el fin de que pasen por debajo de los cortes adentados. Normalmente cada jugador tiene dos oportunidades de lanzamiento y el ganador será aquel que logre el mayor puntaje. Lo ideal sería que el terreno de juego fuese plano, sin embargo, por tratarse de una tradición de pueblos con calles y patios sin pavimento, se juega allí, sobre la tierra; pero aunque parezca una desventaja, lo cierto es que así el juego suma grados de dificultad haciendo que los participantes tengan que analizar los desniveles del piso para realizar sus lanzamientos.
 
Como cualquier otro juego, las apuestas son un motivador entre los jugadores quienes desde el principio establecen las condiciones. La apuesta de cada jugador se le dice Cace y el público, afortunadamente en su mayoría niños, hacen las veces de árbitros pues están más cerca de la Cucurubá y pueden ver mejor hacia que casilla se van las bolitas de cristal. Y sí, afortunadamente porque depende de las nuevas generaciones que esta tradición no se pierda en el tiempo.
 

Por esto último es que la anterior foto se hace merecedora de un post excepcional; en la vereda más recóndita de un pueblo ya de por sí, recóndito, lejano, apartado y limítrofe con la brisa y el cielo pero más que nada con la nada, en donde escasea todo pero sobreabunda lo inmaterial; donde la semana santa se vive como se vivía hace varias décadas; tomando chicha y comiendo dulces, pescados e icoteas (aunque ya no sea legal) y guardando reposo, es decir, haciendo absolutamente nada que requiera esfuerzo físico durante los días santos; ahí y así, un niño, una nueva generación de este milenio que no supera las nueve primaveras, en frente de su casa, construye una Cucurubá, lejos de las especificaciones técnicas más comunes y más cerca a su propia manera de ver el mundo, le muestra a sus familiares, amigos, vecinos y a esta cámara fotográfica, que a veces la cultura no cambia y los hábitos no desaparecen, solo se ocultan allí, en lo más recóndito. Reapareciendo de vez en cuando.

1 comentario:

Anónimo dijo...

En Tacaloa, corregimiento del Municipio de Magangue, había un señor llamado Don Rufo propietario de la única CUCURBÁ del pueblo, y tenía por costumbre justamente, de sacarla una vez al año en la época de Semana Santa.

Al morir Don Rufo mas nunca se usó la cucurubá que entre otras cosas era de lo mas vistosa pues estaba pintada con pinturas azul y rojo.