21/12/12

Gritan las mañanas

Despiertas. A veces temprano, otras veces tarde; pero despiertas cada día. Y ahí; justo en ese instante, inicias el día con acciones que fluyen de manera natural e inconsciente. Te levantas, caminas, abrazas, tomas un café, un desayuno, una ducha… Te crees medio dormido pero creerlo todos los días es el método malévolo de la rutina. Miras por la ventana, te pones ropa limpia, ves entre nubes pequeños rayos de luz. Y escuchas. Incluso, desde antes de abrir los ojos, escuchas. Cuatro o cinco pájaros diferentes, la respiración de alguien, tus propios pasos, el agua que cae. Porque cada acción tiene sus propios sonidos y también fluyen naturalmente. La radio, el abrir de una puerta, el agua que hierve… Y el afuera también; sus vehículos y peatones. Allá, en la calle que llamas, en donde también se extiende tu casa, hay personas que gritan todas las mañanas. Un grito melódico casi como un coro que se repite con pequeños intervalo de silencios. Gritan con ritmo y armonía para anunciarse, para decir que están allí y que se traen algo entre manos. El periódico, plantas, enceres, comidas, frutas. Gritan ellos; los mismos cada mañana o el mismo día de la semana. Aunque no los conozcas, ni despiertan contigo, gritan como parte de tus mañanas.

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¡Colombiano! 

¡Tiee-rraMundooooo! 

¡Trapero-Escooooooba!

¡Maz-amooror-rra¡ 

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